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ISSN 1989-4163

NUMERO 24 - VERANO 2011

Que no te Engañen

Itziar Minguez

Los días extraordinarios están cimentados sobre el asfalto de los días normales y el poeta donostiarra Karmelo C. Iribarren lo sabe. Por eso sus poemas parten de la cotidianidad para sublimarla, para elevarla a su expresión máxima. Un poema de Karmelo C. Iribarren invita a contemplar la rutina desde cada una de sus aristas para ofrecer un microcosmos reconocible y habitual. “Los días normales” es uno de los poemas que más me gusta del autor. Contiene cada elemento que forma su poética: parece inofensivo pero hiere, tiene en la melancolía su aliado más firme y encuentra en la cotidianidad su hábitat natural. El asfalto, semáforos, paraguas, cabinas, pasos de cebra… quién diría que pueden estos elementos -aparentemente carentes de poesía-  albergar una lírica tan profunda y rabiosa, inquilina habitual en las composiciones de Iribarren. Poeta de la realidad y la melancolía, hacedor de imágenes que se quedan prendidas de la retina… no es un poeta común Karmelo C. Iribarren, aunque es de lo común de donde extrae la materia prima de lo extraordinario. Por si no fuera bastante con sus palabras, con la música inherente que transportan, Vicente Llorente ha obrado el milagro de subrayar más aún sus perfiles para hacerlas más hondas, para que se nos hinquen más en la carne. Puede decirse que las palabras de Karmelo C. Iribarren han encontrado su media naranja en la voz de Vicente Llorente. Un músico intuitivo, poeta también, que ha puesto melodía a “los días normales”, poema de Karmelo C. Iribarren recogido en su poemario “Atravesando la Noche”, que publicó la editorial catalana Huacanamo. No es fácil que un poema musicado tenga la virtud de parecer que proviene del mismo aliento, como es el caso. Y es que no es la primera vez que Vicente Llorente lo hace. El músico sabe llegar al fondo del poema y hacerlo suyo, adaptarse a sus posibilidades y explotarlas, en el mejor sentido de la palabra, se entiende. Ya ha acompañado a otros poetas, como Roger Wolfe y es de esperar, que si el resultado es como éste, vaya a hacerlo en otras ocasiones. La poesía de Iribarren, la voz y música de Llorente se han hecho acompañar a su vez de la imagen de Jairo Arráez, director del vídeo aportando -cada uno en su ámbito- lo mejor de sí mismos. El resultado es un vídeo-poema-canción, una película de apenas 4 minutos que el pasado 16 de mayo se estrenó on line. Lo milagroso del invento es cómo puede resultar algo tan extraordinario partiendo de elementos tan comunes. Una sucesión de imágenes, que comienzan con el penduleo del alba y llegan hasta el final del día, momento de tirar la basura y recogerse tras el muro infranqueable del hogar. La vida, la esencia de la vida es lo que se halla entre los gestos que la componen y Jairo Arráez ofrece un inventario de gestos que así ordenados, en clave de rutina, dan una idea aproximada de la vida. Con un tempo que se asemeja mucho al de la respiración y una música cuya melodía se ajusta con rigor a la melancolía del poema de Iribarren, “los días normales” se convierte en una estampa de cotidianidad a la que es imposible sustraerse. El día -con la diferente luz que se ofrece en cada momento- desde que nace hasta su ocaso, pasa delante de nuestros ojos dejando constancia de lo que somos: un cúmulo de gestos que de tanto repetirse apenas percibimos; la mirada distraída, echar la basura al contenedor, cargar con las bolsas de la compra… la vida, en definitiva, una suma de días normales que es conveniente no subestimar, como aconseja Iribarren en la parte final de su poema, con versos-disparo que dan en el centro de la diana: Que no  te engañen/ no son tan poca cosa/ como parecen:/ suelen poder/ con el amor. El vídeo-poema-canción, puede verse, leerse, escucharse muchas veces y es recomendable hacerlo, pues deja el buen sabor de boca de aquello que ha sido elaborado con pulso y mimo de artesano. Emociona hasta la congoja y a la vez que hiere hace sonreír, como si los tres nombres propios que conforman esta joya (Iribarren, Llorente y Arráez) nos dijeran a una: “formas parte de esto de lo que tantas veces reniegas”. Vivir es vivir pero también haber vivido, ver lo vivido y lo por vivir, a veces afrontarlo con hastío, aburrirse. Vivir es repetirse hasta el colmo del aburrimiento y encontrar el pulso que late también ahí: en la cotidianidad, patria de algunos poetas entre los que me incluyo. Todo esto me ha hecho sentir y pensar “Los días normales” y lo ha hecho con la precisión del cirujano que sabe dónde dar el tajo, qué extraer, qué dejar y cómo suturar pensando en la cicatriz futura.

http://www.youtube.com/watch?v=xZfwCm609cE

Los días normales

 

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